La ironía por escrito: cuánto llega de lo que crees decir
Escribes «qué bien, otro lunes» con la mayor ironía del mundo y quien lo lee entiende que estás contento. La escena es cotidiana, y hay un experimento publicado en 2005 que la estudia con cierto detalle.
Qué hicieron
El trabajo lo firman Justin Kruger y Nicholas Epley, entre otros, y se titula Egocentrism over e-mail: Can we communicate as well as we think?, aparecido en el Journal of Personality and Social Psychology. Pidieron a unas personas que escribieran frases con sentido literal o irónico y a otras que las interpretaran. Los que escribían tenían que estimar cuántas de sus frases serían bien entendidas. Los que escribían esperaron un porcentaje de aciertos más alto que el que después hubo.
Por qué ocurre
Cuando tú escribes una frase irónica, sabes cómo se dice: oyes en tu cabeza el tono, la pausa y la ceja levantada. Ese conocimiento te acompaña al releerla y te impide ver que en la pantalla solo hay palabras. Quien lee, sin ese acceso, tiene que adivinar. El autor calcula mal cuánto llega porque no puede olvidar lo que sabe.
Por voz, el problema se reduce porque el tono viaja con el mensaje. Por escrito, se pierde casi todo lo que no son las palabras.
Por qué pesa más al ligar
Un malentendido con un amigo de años se corrige con una frase. Con alguien a quien llevas dos días hablando no hay tanto crédito acumulado. Una broma que suena a desprecio, o un halago que suena a burla, puede terminar la conversación y no se te dirá por qué. Como en un chat no ves la cara, la duda se interpreta casi siempre en el sentido menos favorable.
Qué ayuda
- Cuando la ironía es importante, añade una señal: una risa escrita, un emoticono, un «es broma». No es infantil; es lo que sustituye al tono.
- Si dudas de cómo ha sonado, pregunta o aclara al momento. Una frase de corrección sale barata al principio y cara cuando pasan tres horas.
- Si algo te ha sentado mal, considera antes de responder si la frase tenía otra lectura razonable. En muchos casos la tiene.
- Los temas delicados, mejor con palabras claras que con juegos de dobles sentidos, sobre todo en las primeras conversaciones.
No hay que dejar de ser irónico. Basta con asumir que el escrito lleva menos de lo que crees y con que tú y la otra persona todavía no os conocéis lo bastante como para rellenar los huecos con buena fe.
¿Te apetece chatear?