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Mudarte a otra ciudad sin conocer a nadie: por dónde empezar

El piso ya está, el trabajo empieza el lunes y hay un supermercado a la vuelta de la esquina. Lo que falta no aparece en ninguna lista de mudanza: alguien a quien escribir un viernes por la noche que conozca la ciudad y quiera salir a tomar algo.

Lo que se tarda de verdad

Casi todo el mundo calcula mal el tiempo. Una amistad necesita muchas horas juntos, y en una ciudad nueva cada hora hay que conseguirla. Es normal que los primeros meses sean solitarios y que eso no diga nada sobre ti. Quien te parezca que lo tiene fácil suele llevar años allí.

Repetición antes que intensidad

Lo que más funciona es frecuentar el mismo sitio a la misma hora: el mismo gimnasio, la misma cafetería, el mismo grupo de excursiones. Al tercer encuentro, el desconocido tiene cara y al quinto hay saludo. La familiaridad se construye por acumulación, y no requiere que seas especialmente sociable, solo constante.

Conviene elegir una actividad que te guste por sí misma. Si vas a un club de lectura para hacer amigos y el libro te aburre, dejarás de ir antes de que ocurra nada.

Qué puede hacer un chat local

Antes de llegar, y en las primeras semanas, una sala de la ciudad a la que te has mudado sirve para cosas muy prácticas: preguntar por un barrio, por un médico, por dónde se sale un sábado. Quien vive allí contesta con más gusto de lo que esperas, porque a casi todos nos gusta explicar nuestra ciudad.

De esas conversaciones pueden salir algunas personas con las que seguir hablando. Si os apetece a ambos, un café en un sitio público es un plan sencillo, y con las precauciones de cualquier primer encuentro con alguien que solo conoces por texto.

Expectativas

Un último detalle práctico: acepta los planes pequeños aunque no te apetezcan del todo. La tarde que menos ganas tienes de salir es a menudo la que te presentan a alguien. Y si dices que sí a tres invitaciones seguidas, la cuarta llega sola, porque la gente recuerda a quien aparece.

No tienes que salir de la primera cita amistosa con un amigo. A veces sale una conversación agradable y nada más. Si de diez intentos uno se convierte en algo estable, ya has hecho bastante. Y mantén, mientras tanto, el contacto con la gente de tu ciudad anterior: no compite con lo nuevo, lo sostiene.

¿Te apetece chatear?

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