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Cuando no te contestan: cómo llevar el silencio de un chat

Hace veinte minutos que escribiste algo que te parecía simpático y la otra persona no ha dicho nada. Sigue conectada, o no lo sabes. Revisas la pantalla, relees tu mensaje buscando el fallo y a los diez minutos ya has decidido que fue una tontería y que no va a contestar nunca.

Lo que hace la cabeza con un hueco

Un silencio es un dato sin contenido, y la mente odia los datos sin contenido. Los rellena, y lo hace con el material que tiene a mano: tus inseguridades. Si esa tarde estás cansado o venías de un mal día, el silencio ajeno se convierte en un rechazo personal. Conviene notar que la historia que te cuentas la has escrito tú, no la otra persona.

En un chat hay además un factor práctico que pesa mucho: nadie sabe qué hay al otro lado. Puede estar cocinando, con el móvil sin batería, en mitad de una discusión familiar o en otra conversación que le absorbe. Las explicaciones aburridas son, con diferencia, las más frecuentes.

Cuánto esperar antes de preocuparte

Depende de lo que hubiera antes. Si llevabais un rato charlando de corrido y se corta, lo normal es que vuelva en unas horas. Si era vuestro primer intercambio y no hubo mucho, el silencio suele significar que la conversación no le enganchó, y eso es legítimo. Ninguna de las dos cosas dice nada sobre lo que vales.

Qué hacer mientras tanto

Lo más útil es cambiar de actividad de forma real. Levantarte, ver otra cosa, hablar con alguien más. Quedarte con el chat abierto y mirarlo cada minuto no acelera la respuesta y sí amarga la espera. Si tu apodo está registrado y el de la otra persona también, MeMo permite dejar un recado que le llegará cuando vuelva a conectarse, y así no dependes de pillarla en línea.

Un mensaje de seguimiento, uno solo y sin reproche, es razonable pasado un día: «me quedé con ganas de seguir con lo de antes, cuando puedas». Si tampoco hay respuesta, ya sabes lo que necesitabas saber, aunque nadie lo haya escrito.

Lo que sí conviene revisar

Ayuda también repasar qué esperabas de esa conversación. Si habías puesto mucha ilusión en alguien con quien llevabas una hora hablando, el silencio duele por lo que imaginabas, no por lo que había. Ponerle nombre a esa diferencia, sin reñirte por ello, suele bajar la intensidad.

Si cada vez que alguien tarda en contestar te sientes fatal durante horas, el chat no es el problema, solo lo saca a la luz. Puedes decidir de antemano cuánto vas a esperar y qué harás si no llega nada, y con esa decisión tomada el silencio pesa menos. Quien no contesta no te debe una explicación, y tú tampoco tienes que dársela a ti mismo en forma de culpa.

¿Te apetece chatear?

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