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IRC, el protocolo de 1988 que sigue sosteniendo los chats sin registro

Cuando alguien entra en una sala de este portal escribiendo un apodo y nada más, lo que ocurre por debajo no es nuevo. Es IRC, Internet Relay Chat, un protocolo que Jarkko Oikarinen escribió en 1988 en la Universidad de Oulu, en Finlandia, y que quedó documentado en 1993 en el RFC 1459.

Qué es exactamente un canal

En IRC no existen los perfiles. Existen dos cosas: un nick, que es el nombre con el que apareces mientras estás conectado, y un canal, que es una sala identificada por un nombre que empieza por almohadilla: #madrid, #barcelona, #galicia. Nadie es dueño de un canal por defecto; el canal existe mientras haya alguien dentro y desaparece cuando se vacía.

Esa es la diferencia de fondo con una aplicación de citas. En una app tú eres una ficha permanente: fotos, edad, ubicación, historial. En IRC eres una sesión. Cuando cierras, no queda un perfil tuyo esperando a que vuelvas.

Por qué no hace falta registrarse

El registro sirve para asociar lo que haces a una identidad que persiste. Si el sistema no guarda nada entre sesión y sesión, el registro sobra: basta con que dos personas conectadas a la vez puedan mandarse líneas de texto. IRC se diseñó exactamente así, en una época en la que ni siquiera existía la web tal y como la conocemos.

La contrapartida está en el otro lado de la balanza: como no hay identidad verificada, tampoco hay ninguna garantía de que quien dice tener veinte años los tenga. Eso no es un defecto del portal, es una consecuencia directa del modelo, y conviene saberlo antes de entrar.

Los comandos que todavía funcionan

Buena parte de la sintaxis original sigue viva. Se escriben en la propia caja de texto, empezando por una barra:

  • /nick nuevoapodo cambia tu nombre sin salir de la sala.
  • /join #canal te mete en otro canal.
  • /msg apodo texto manda un privado.
  • /me hace algo escribe una acción en tercera persona.
  • /list pide al servidor la lista de canales con gente dentro.

Que estos comandos sigan siendo los mismos casi cuarenta años después dice algo sobre lo bien resuelto que estaba el problema. La mayoría de las capas que se han puesto encima —clientes web, aplicaciones de móvil, interfaces con emojis— traducen a esas mismas órdenes.

Qué cambia cuando entras desde una página web

Un chat web como este no es más que un cliente que habla IRC por debajo y lo enseña en el navegador. Por eso no hay que instalar nada y por eso la sala en la que acabas depende del canal al que apunte cada página: entrar en la sala de un pueblo pequeño suele llevarte al canal de su provincia o de su comunidad, que es donde hay gente de verdad a esa hora.

Es un detalle que despista a quien viene de las apps. Aquí una sala no es un lugar con inventario propio: es una puerta a una conversación que ya está ocurriendo.

¿Te apetece chatear?

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